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La historia de Antonio Bernardi De Fina (1*) en Colombia durante el conflicto bélico mundial más sangriento del siglo XX, es como la de muchos inmigrantes italianos que vivieron una época verdaderamente complicada en los países del continente americano donde habían echado raíces.

Al inicio de la Segunda Guerra Mundial, en 1939, ya era reconocido el trabajo innovador de este constructor italiano de 39 años, en tres regiones del país donde dejó su impronta. En  Manizales, Armenia e Ibagué (2*) introdujo las estructuras de ferro concreto en las obras que edificó con un estilo contemporáneo y perdurables en el tiempo. Asimismo, desde el aspecto urbanístico, le cambió la cara a estas tres ciudades al pavimentar sus calles centrales en concreto e instalar redes domiciliares subterráneas, de acueducto y alcantarillado (*3).

Patrimonio y familia. En esos 13 años que llevaba residiendo en territorio colombiano, Antonio creó un sólido patrimonio económico y se casó con la normalista caldense, Camila Ospina; con quien tenía cuatro hijos colombianos, Regina (10), Gladys (8), Italia (4) y Mainardo (1). En medio de la incertidumbre, tomó medidas para proteger en la medida de sus posibilidades, a su familia italiana, recibió en su casa y oficina de constructor, a su sobrino mayor, Teodoro Bernardi  de 18 años, quien viajó para evitar ser llamado a filas por el ejército italiano; y envió a Ponte Nelle Alpi (Belluno) a su hermano menor Mainardo con quien había trabajado en Manizales y Armenia, con recursos para mamá Regina (4*).

a. Antonio Bernardi y Camila Ospina se casaron en 1928 en Manizales. b y c. Regina, Gladys y Teodoro saliendo de misa un domingo de 1942, Antonio los llevaba al Parque Nacional.

10 de junio de 1940. Hacía pocos meses se habían instalado en Bogotá, cuando Camila escuchó un ´extra´ por la radio, ¨la Italia fascista ingresaba oficialmente a la guerra al lado de la potencias del Eje¨. Ella misma aún no dimensionaba el gran riesgo que su esposo italiano corría en su país. Él, por su parte, a la preocupación constante por la suerte de su familia italiana ante la escasez de cartas que llegaban de cuando en vez y censuradas, ahora se le sumaba el bienestar de su familia colombiana y el acceso al trabajo. 

d. Antonio en la Estación del Funicular en Bogotá, un domingo de 1943 aprox. f. Paluc, la finca familiar en Ponte Nelle Alpi (Belluno) g. Mamá Regina, la madre de Antonio en Ponte.

Colombia: neutral, pero no indiferente“. El gobierno liberal de Eduardo Santos (1938-1942) fijó su posición en concordancia con EE.UU., declaró enemigos potenciales a japoneses, alemanes e italianos que vivían en el país, quienes para la época sumaban unos 12 mil, de ellos unos 1.500 italianos. A partir de ese momento se empezó a sentir la mano dura contra estas tres comunidades.

Amico & Bernardi en Bogotá. ¨Al estallar la Guerra la situación de mi papá se volvió muy difícil, nos fuimos a vivir a Bogotá en 1940, donde constituyó la firma Amico & Bernardi con su amigo italiano Mario Amico, quien en su condición de nacionalizado, sí podía negociar con el Estado. Las oficinas eran en el Edificio Cubillos, con ellos ingresó a trabajar mi primo Teodoro, quien era dibujante¨: evoca Italia Bernardi.

Antonio y Camila intentaban llevar una vida normal, matricularon a Regina, Gladys e Italia en el Colegio El Carmelo. Y se blindaron con un círculo íntimo integrado por la hermana, Teresa Ospina y su esposo, el mecánico italiano, Mario Mirkow y el matrimonio de Natalia Sorzano y Mario Amico.

h. Mainardo, Camila y Antonio, 1945. i. Los dos concuñados, Mario e Italo Mirkow adelante y atrás Antonio y Mainardo Bernardi. j. Italia en su primera comunión en Bogotá. k. l. Frente al Colegio El Carmelo en la piscina de patos y en suba, Regina, Gladys e Italia con sus amigas las Hernández, las Caro y Lilia Jaramillo en 1944.

Regina Bernardi añade: ¨la época de la Guerra fue muy dura y de muchas privaciones, como mi padre no se nacionalizó como hicieron muchos, no podía participar en licitaciones públicas. Se le impidió movilizarse libremente por el territorio nacional, cada 8 días debía reportarse y la Policía irrumpía en nuestra casa en cualquier momento. Nos prohibieron tomar clases de italiano y las reuniones de la colonia italiana¨.

Diciembre de 1941. La tensión diplomática fue subiendo a alerta naranja y así lo registró la prensa mundial y nacional, un día los titulares se centraron en la lista negra de personas y empresas que emitió EE.UU., otro día se enfocaron en el ataque japonés a la base de Pearl Harbor, y luego dedicaron páginas enteras a la declaración de guerra de Norteamérica a los países del Eje.

Colombia no se quedó atrás, rompió relaciones con Alemania, el Imperio del Japón y el Reino de Italia, envió soldados para apoyar a los Aliados; y firmó un decreto en enero de 1942 para congelar cuentas bancarias, embargar comercios y confiscar bienes de alemanes, italianos y japoneses domiciliados en nuestro país “para resarcir a Colombia por los perjuicios de guerra“. (*5)  

Un cerco asfixiante. ¨Todos los bienes a nombre de mi padre, como la maquinaria, fueron decomisados. Se salvaron una finca cafetera en el municipio de Circacia (Quindío) y nuestra residencia en el Bosque Calderón Tejada en Bogotá, que estaban a nombre de mi madre. Su movilización en el país estaba limitada a Bogotá, donde permanentemente era requerido por la Policía y registrado con el objeto de saber si tenía propaganda política. En nuestra casa había un afiche de Mussolini que fue escondido bajo la cama de la empleada del servicio hasta que terminó la guerra¨: agregó Italia Bernardi.

La presidencia turbulenta de Alfonso López Pumarejo (1942-1945). Entre 1942 y 1943 la opinión pública nacional aplaudió la expulsión de buena parte de los ciudadanos del Eje y se atemorizó cuando la batalla naval del Atlántico extendió sus tentáculos hasta cerca de la Isla de San Andrés, donde aparentemente submarinos nazis hundieron tres goletas colombianas: Resolute y Roamar, en junio y julio de 1942 y Ruby, en noviembre de 1943. La mayoría de los colombianos aprobó que para finalizar ese año, el gobierno declaró el ¨estado de beligerancia¨ y ordenó la detención de los alemanes y japoneses que vivían acá.

A pesar de todas las medidas, Antonio Bernardi y los arquitectos constructores, Salomón Aquino y Mario Amico, con la firma ABC, lograron construir obras importantes en Bogotá. La sede de las Hermanas Maristas, detrás del Palacio Presidencial; varios edificios: Stella (Cra 6 con Calle 11), La Salle en Chapinero y Colón en el centro. Y estructuras para el Matadero Central y residencias familiares.

Campo de concentración de Fusagasugá. Cuando la guerra entró en el quinto año, la peor amenaza estaba aún por llegar a la casa de los Bernardi, cada día rezaban para que el papá no fuera confinado en el campo de concentración que el Gobierno habilitó entre 1944 y 1945,en el hotel Sabaneta de Fusagasugá, a unos 80 kilómetros de Bogotá. Y donde permanecieron recluidos alrededor de 100 ciudadanos alemanes, japoneses y algunos italianos, hasta el final de la contienda bélica.

La posguerra. El mes de mayo de 1945 marcó el fin de la Segunda Guerra Mundial y la derrota de los países del Eje, pero para nada el retorno a la normalidad y menos, de la paz. Con los años de la posguerra llegó un nuevo orden mundial e Italia vivió grandes transformaciones políticas y sociales. Para Antonio, fue trágico el saldo familiar en su patria, un sobrino desapareció en un submarino y su hermano Mainardo Bernardi De Fina, nunca llegó a Ponte para apoyar a la familia, fue brutalmente asesinado en el puerto de Guayaquil.

En Colombia, a los ciudadanos del llamado Eje, el gobierno no les devolvió las propiedades confiscadas y las escrituradas a amigos o socios, salvo excepciones, tampoco retornaron a sus dueños originales. En los meses y años que se sucedieron, cada vez fueron más persistentes la tensión y la violencia, que resintieron la vida cotidiana de los Bernardi durante sus 8 años de estadía en Bogotá. Su adiós a la Capital y el retorno a la finca en Circasia se daría en 1948 luego del ´Bogotazo´(*6), para luego dar el salto definitivo a Cali. Esa será otra historia!!!

Fuentes citadas. *Gracias a la narración de mi madre, Regina y mi tía Italia se han reconstruido las vivencias de la familia Bernardi Ospina en esa época; y Jorge Alonso Rengifo Bernardi por el trabajo de digitalización del archivo fotográfico de la familia.

(*1) Antonio Bernardi De Fina: constructor italiano, nacido en Ponte Nelle Alpi, provincia de Belluno, el 6 de octubre de 1900 y fallecido en Cali, Colombia, el 25 de marzo 1977.

(*2)Artículo Teatro Tolima, 80 sños de una joya con el sello Bernardi, publicado en el blog La Bernardi,el cual se narra el periodo 1938 – 1940 de las obras construidas por Antonio Bernardi en Ibagué y la vida de la familia en esa ciudad.  http://www.labernardi.com/antonio-bernardi/teatro-tolima-80-anos-de-una-joya-con-el-sello-bernardi/

(*3) Apartes del libro Fragmentos de la Memoria de la ciudad de Armenia Años 30 al 36 del siglo XX – obra de Antonio Bernardi de las arquitectas María Eugenia Beltrán y Laura Ossa Sánchez. Páginas 34 y 35.  (2010).

(4*) Artículo La madre del inmigrante, Regina De Fina de Bernardi (1865 – 1955), publicado en el blog La Bernardi          http://www.labernardi.com/antonio-bernardi/regina-de-fina-de-bernardi-1865-1955-el-coraje-de-la-madre-del-emigrante/

(*5) Decreto 59 de 1942, por el cual se dictan normas para el control y administración de cierta clase de bienes. http://www.suin-juriscol.gov.co/viewDocument.asp?id=1810619

(6*) Artículo Así vivieron los Bernardi Ospina el 9 de abril, publicado en el blog La Bernardi  http://www.labernardi.com/antonio-bernardi/asi-vivieron-los-bernardi-ospina-el-9-de-abril-de-1948/