Comparte en tus redes

Por Maritza Camacho * . A finales de septiembre de 2016, mientras Colombia vivía una gran polarización por cuenta de la consulta popular que refrendaría los acuerdos de los Diálogos de Paz con las -FARC- para poner fin a décadas de violencia, me dirigía a Ponte Nelle Alpi, una población alpina de la provincia de Belluno en Italia, lugar donde nació Antonio Bernardi, el abuelo de la autora de este blog, y donde de verdad respiré paz.

La visita a Ponte fue un acuerdo logrado en los diálogos que sostuve con La Bernardi cuando preparaba mi primer viaje a Europa, un sueño aplazado por más de 20 años y que cumplí con su complicidad. Nuestro acuerdo consistió en que nos quedaríamos tres días en Amsterdam y yo la acompañaría a esta población que no figura en los planes turísticos pero que valió la pena conocer.

Así fue como un lunes en la mañana, después de dos días en la ensoñadora Venecia, abordamos un tren que nos conectaría con las raíces de La Bernardi en dos horas, no sin antes detenerse en Conegliano, población de la provincia de Treviso, región del Véneto, conocida por sus vinos secos. Allí estuvimos media hora, la que aprovechamos para salir a conocer los alrededores de la estación y así sumar un lugar más a mi periplo que por poco termina aquí, pues casi me deja el tren.

El encuentro. Llegamos a la estación de Ponte a medio día. Empezamos a recorrer sus calles solitarias bajo un sol de otoño para buscar los únicos referentes que teníamos de los Bernardi, el bar y su Macelleria (carnicería). En el camino nos detuvimos varias veces a contemplar los bellos jardines que engalanan las viviendas de esta localidad que en sus 58 Km2, alberga alrededor de 8.000 habitantes y tiene como vocación empresarial los servicios, la ingeniería y la construcción. De ahí entendí el legado del abuelo Bernardi. No tardamos mucho en encontrar este negocio ubicado en la Viale Dolomiti, pero para nuestra sorpresa estaba cerrado. Aquí los lunes no se trabaja.

Justo cuando La Bernardi había pasado de la emoción de encontrar el local de sus familiares a la desilusión por hallarlo cerrado y terminábamos de hacer las fotos para el recuerdo junto al aviso de la Macelleria, llegó nuestro salvador, el dueño del bar contiguo que perteneció a los sobrinos de don Antonio.

Macelleria Bernardi, un negocio de tradición familiar

Para nuestra felicidad era un amigo de la familia quien, además de atendernos amablemente con paninis, focaccias y un aperol, realizó las llamadas necesarias para hacer posible que yo, después de aterrarme porque en el baño no existía batería sanitaria si no que me tocó sacar mis dotes de equilibrista para apoyarme en unas huellas de zapato y tratar de apuntar directo a un sifón en el piso, fuera testigo del encuentro colombo italiano.

Al poco tiempo aparecieron el primo de la nueva generación, Luigi Bernardi, su esposa y su madre. Pasados los saludos e intercambio de información que confirmaba sus lazos familiares, amablemente se ofrecieron a llevarnos a Paluc, la finca de la que La Bernardi escuchó tantas historias de su abuelo Tony.

Como Heidi en la pradera. Paluc, nos explicó el primo Luigi, significa zona de humedal. Está ubicada a pocos minutos del casco urbano en un recorrido que permite disfrutar de llanuras, de las aguas del histórico río Piave y de las Dolomitas, y es que según su sitio oficial Ponte Nelle Alpi tiene alturas desde 380 a 2.350 m. s. n. m. que privilegian su geografía. La construcción de la casa de los Bernardi se remonta a 1865, tiene gruesos muros en piedra que guardan la historia de esta familia. Los árboles de higos, pinos, el hermoso paisaje de un valle y las Dolomitas que la rodean, conforman una postal que me hicieron sentir como Heidi, la protagonista de una de mis series preferidas de infancia.

Las tías, Nairo, Urán, Juanes y Cuadrado. De regreso a Ponte nos recibieron en su casa la sobrina del abuelo, Liliana Bernardi y su cuñada Pepina, para compartir una simpática tertulia en la que predominó el vino y el ‘itañol’. Ellos tratando de entender nuestro español y nosotras chapoteando el italiano.  Y así en medio de balbuceos y señas, fue muy gratificante saber que ya en otras latitudes los referentes de Colombia son los jóvenes deportistas como Nairo Quintana, Rigoberto Urán, Juan Guillermo Cuadrado y artistas como Shakira y Juanes. La tarde terminaba y debíamos regresar a Venecia para continuar el día siguiente nuestro itinerario. Luigi y su esposa nos acompañaron a la estación. Mientras esperábamos el tren compartimos con ellos un café y hablamos de la tan anhelada paz de Colombia, que después de esta tarde en la que estas personas que sin conocernos generosamente confiaron en nuestra palabra y nos abrieron las puertas de sus hogares sentí que si se podía lograr. Hoy, recordándolos no pierdo la esperanza de que algún día en nuestro país la noticia más violenta sea “Que el gato del vecino se cayó del tejado”, como nos contó Luigi sucedía en Ponte.

En 1963 Antonio Bernardi regresó por primera y única vez a Italia para vivir un año. En la foto con uno de sus sobrinos en Ponte Nelle Alpi.
Antonio Bernardi con su esposa Camila y dos de sus sobrinos, Giovani Bernardi y Amelia en Ponte Nelle Alpi. 1963

* Caleña por adopción, comunicadora y curiosa de conocer el mundo